Sant’Andrea

Dice una de las profes de música de los bambini que cada vez que ve una entrada del blog piensa «¿Será otra de iglesias?». Yo creo que en realidad quería decir «Como sea otra vez esta pesada con las iglesias, ni me lo leo» pero por los quince años que le llevo y el respeto que se supone que me tiene, no se atreve a decirlo. Pero sí, hoy os traigo otras dos nuevas iglesias que visité el otro día: Sant’Andrea al Quirinale y Sant’Andrea delle Fratte y ya llevamos más de cincuenta.
La primera está justo enfrente del palacio presidencial del Quirinale, es (muy) barroca, pertenece a la compañía de Jesús y fue construida según un proyecto de Bernini. Llaman la atención la planta que se aleja un poco de lo tradicional, la sacristía diseñada por Bernini y las estancias donde murió san Estanislao de Kostka, con su estatua yacente y sus dos capillas (para entrar a la sacristía y a las estancias del santo polaco hay que pagar un par de euros).
En la segunda, que está cerca de Piazza Spagna, se ve una cúpula diseñada por Borromini y pintada por Pasquale Marini y dos esculturas angelicales que llevan símbolos de la pasión de Cristo y que fueron hechas por Bernini. A mí además me ha sorprendido mucho los bancos colocados hacia las capillas laterales en lugar de hacia el altar mayor.

Palazzo Zuccari

Hoy os dejo la fachada lateral de este palacio que se encuentra en Trinitá dei Monti y que fue construido entre el S.XVI y el S.XVII por el artista Federico Zuccari. Os dejo en concreto el detalle de sus ventanas, que parecen monstruosas bocas abiertas al exterior, en el estilo fantasioso de la arquitectura manierista y también recordando un poco al parque de los monstruos de Bomarzo que ya os traje aquí en una ocasión. Por cierto que hoy en día el palacio alberga la biblioteca Herziana que hoy estaba cerrada. Peccato! 😦

 

Villa Sciarra

Ayer, como os dije, nos dimos una vuelta por el Trastevere y nos acercamos a conocer Villa Sciarra, un pequeño parque que está delimitado por el muro Gianicolensi. Como curiosidad os diré que esta zona ha sido verde y boscosa desde muy antiguo y que la leyenda cuenta que es aquí donde Julio César alojó a Cleopatra durante su estancia en Roma. Pero la historia de Villa Sciarra como tal comienza en el S.XV cuando en este terreno construyen el primer edificio. Aunque es ya en el S.XVII cuando pasó de villa extraurbana a villa urbana y eso hizo aumentar su valor. Es en ese momento cuando la finca pasa a manos de los Barberini y un siglo después los Barberini se unen con los Colonna y con los Sciarra. Como veis al final todo se reparte siempre entre las mismas familias. El último propietario de la finca fue Maffeo Il Sciarra que por problemas económicos terminó perdiendo su patrimonio, de manera que la villa pasó a manos de George Wursts y su mujer, que colocaron numerosas estatuas y fuentes del S.XVIII y de origen lombardo, y plantaron muchos árboles y plantas exóticas. Cuando ellos murieron en 1930, donaron la villa al estado italiano con la condición de que fuese destinada a parque público. Y así fue, aunque el palacete es desde entonces la sede del Instituto de estudios germánicos. El parque, como casi todo en Roma, no está en su mejor estado de conservación, pero pese a ello es un lugar muy agradable para perderse un ratito en la naturaleza sin moverse del centro de la ciudad.

 

Buff

Hoy nos perdimos un rato por el Trastevere y decidimos probar un nuevo restaurante por la zona. Se llama Buff y la verdad es que cuando entré y no nos dejaron sentarnos en la mesa en la que queríamos y después tardaron más de cinco minutos en darnos la carta, pensé que el nombre le venía al pelo…»Buff». Sin embargo, después de comer, me sentí muy agradecida por la comida y el trato recibidos. Y es que la característica fundamental del restaurante es que todos los alimentos que sirven en su menú, desde las verduras, a las carnes, pasando por los quesos, las frutas, la pasta y el pan, son de producción propia, los que da la hacienda ecológica que la familia tiene en Calabria desde 1932. Nosotros hoy probamos la parmigiana (buonisima!!), la pasta amatriciana, la hamburguesa (pedimos dos y estaba «muy rica» – maridísimo dixit), el tartar de bufala y un par de postres increíbles (helado de fior di latte y mandarinas confitadas con chocolate caliente). La dolorosa, como les encanta llamar aquí a la cuenta en cuanto saben que somos españoles, pues ni tanto ni tan calvo. Barato no es, pero teniendo en cuenta la calidad del producto y lo bien cocinado que está, creo que el precio es bastante razonable (por si necesitáis más datos, os diré que hemos salido a unos 20 euros por cabeza, sin tomar alcohol).

Museo Pietro Canonica

Caminando por Villa Borghese, muy cerca de la Piazza di Siena, te encuentras una estatua de un burro y un soldado, y justo detrás hay una pequeña fortaleza de color rosado. Ese edificio que en tiempos fue un edificio administrativo, fue donado en 1926 – y hasta su muerte en 1959 – a este escultor, pintor y músico italiano, y allí vivió y tuvo su estudio de arte. Hoy en día en la segunda planta puede visitarse su apartamento privado. Y en la planta baja, además de su estudio de arte, también se puede visitar una exposición de algunas de sus obras más representativas, tanto bustos de personajes famososos, como el de la Reina Victoria – no en vano, se codeó con lo más granado de su sociedad – como grandes obras que iban destinadas a otros países como Turquía, Irak, Rusia, Argentina, Egipto, etc- como el monumento a los caídos de la primera guerra mundial, una estatua del zar Nicolás II, la estatua de Simón Bolivar, el monumento funerario del presidente argentino Figueroa Alcorta…Además el museo esconde un secreto y es que en su sótano tiene un depósito con ochenta obras de la colección clásica de la Galería Borghese. Y todo esto, completamente gratis.

 

La casa de Keats y Shelley

En el instituto tuve la mala idea de estudiar ciencias puras; y la guerra sin cuartel con la física solo terminó en mi segundo año de universidad, cuando tuve que admitir mi derrota. Entonces cambié totalmente de tercio y empecé a estudiar comunicación y llegué, aunque con años de retraso, a la historia, al arte y a la literatura. Gracias a una de esas profesoras que aman verdaderamente lo que hacen vi la película «Remando al viento» (Gonzalo Suárez 1987) y me encontré por primera vez con los románticos ingleses, como Byron, Peter y Marie Shelley o John Keats. Los románticos tenían en común su rebeldía contra una sociedad tan rígida como la inglesa y defendían ante todo la libertad. Por ejemplo Shelley (y estamos hablando del principios del S.XIX) defendía el ateismo, el amor libre, los derechos de las mujeres y el vegetarianismo, entre otras cosas. Así no es extraño que terminase auto-exiliándose en Italia, un país que para los románticos representaba un ideal exótico. De hecho todos los que he mencionado antes, pasaron antes o después por Roma y de todos ellos se guardan manuscritos y pequeños objetos personales en el Museo que he visitado hoy cerca de Piazza Spagna, sobre todo de Keats que vivió aquí durante más o menos un año y donde murió en 1821 a los 25 años. La casa se conserva abierta al público desde 1909 (aunque durante la Segunda Guerra Mundial estuvo cerrada) y actualmente su fachada está en obras. Por dentro es muy pequeñita, apenas un salón y tres o cuatro habitaciones llenas de libros y, como ya os he dicho, cartas, documentos, imágenes e, incluso, mechones de pelo del joven Keats. La entrada cuesta cinco euros, la visita no dura mucho, la guía en italiano e inglés es muy simpática y, bueno, se pasa el rato entre libros, que siempre es de agradecer. Pero es una visita sólo para iniciados, es decir para muy interesados por los románticos ingleses, porque tampoco aporta mucho más.

 

 

Fonzie

Fonzie comenzó su andadura – hace poco más de cuatro años – como la primera hamburguesería kosher de Roma, en un local muy chiquitito que estaba (y está) obviamente, en el Ghetto, en el barrio judío. Sin embargo, el proyecto empresarial le ha debido ir bien a esta familia, pues este verano inauguraron ya la tercera sede, cerca de Piazza Bologna. La estética del local imita un poco, pero sin caer en lo caricaturesco, a esos locales americanos que tanto hemos visto en las pelis de los años 50. Y la comida se limita a hamburguesas y sándwiches sí, pero al menos te los preparan delante de tus narices, puedes combinar los ingredientes y las salsas como quieras y cuando te los comes, parece incluso comida de verdad, hasta te da la sensación de comer algo medianamente casero. Así que sí, por mi parte os doy mi bendición, unid el futuro de vuestras arterias a estas hamburguesas romanas, seguramente no os arrepentiréis.

Reposo

Mientras el frío congela Madrid…ya sale un amago de sol primaveral en Roma y – después de un par de días de convalecencia por un resfriado que aspiraba a gripe – yo me paso media jornada en Villa Balestra disfrutando de sus cócteles analcohólicos y sus vistas del Vaticano. Che bello!!