L’Aquila

No sé si os acordáis que un par de día después del terremoto teníamos que haber ido a una zona cercana al seismo, a pasar el fin de semana con unos amigos italianos que ahora viven allí. Hoy, por fin, aproximadamente un mes después, hemos saldado en parte la deuda y nos hemos desplazado hasta L’Aquila, capital de la región de los Abruzzos, a poco más de una hora de Roma, para comer con ellos. Yo aún recuerdo aquellas imágenes de abril del 2009 de Berlusconi caminando entre los escombros de L’Aquila tras el terremoto de 6.7 que dejó más de 300 muertos, 1500 heridos y 50.000 personas sin hogar a causa de la ruina de miles de edificios. Me parecía increíble que eso pudiera pasar en Europa. Pero pasa, vaya que si pasa. Y ¿cómo se ve hoy en día L’Aquila? Pues siete años después la sensación es…extraña, porque es un pueblo que conserva parte del encanto y la grandeza que un día tuvo, aunque sigue con la mayoría de sus edificios apuntalados y con andamios y con un horizonte lleno de grúas, pero que ya empieza a sugerir lo que pronto será, pues se ha recaudado mucho dinero – por parte de países, empresas y particulares – para ir restaurando, poco a poco todos los edificios del pueblo. 
Hoy, entre otras cosas hemos visitado la Basílica de Collemaggio, construida en el S.XIII y donde fue coronado Papa Celestino V, que instauró uno de los primeros jubileos de la historia, que aún se celebra en L’Aquila a finales de agosto y donde tras pasar la puerta Santa, se perdonan los pecados; tiene además Celestino V otra peculiaridad en su biografía y es que es uno de los cuatro únicos Papas que han abdicado de su cargo, en este caso lo hizo para dedicarse a la vida eremita, que era lo suyo mucho más que las intrigas palaciegas. Aparte, visitamos la Basílica de San Bernardino, la fortaleza española del S.XVI, la plaza del Duomo, la fuente de los 99 caños, el auditorio del parco y caminamos por el casco antiguo, que como os he dicho tiene ese contraste curioso, entre sus tres realidades y la sombra oscura que acecha a un pueblo lleno de alegría y vida en sus calles y que vive rodeado de uns montañas bellísimas, en fin…Por lo demás, hemos comido y comido y vuelto a comer. ¡Qué lujo las comidas italianas!
 

Comedia o tragedia

Hoy, mientras volvíamos a Roma después de estos días de paz y montaña, nos acordábamos de esa frase que se le atribuye (no sé si certeramente o no) al periodista italiano Indro Montanelli «Italia es la versión cómica de España y España es la versión trágica de Italia». Aunque a decir verdad a mí hay cosas de Italia que no me hacen ni pizquita de gracia. Será porque soy muy trágica yo. Que también es posible. Pero no me digáis que es normal que después de reservar un hotel a través de Booking y alojarme en él, reciba un comunicado de Booking diciendo que según el dueño del alojamiento he cancelado la reserva. ¿Con qué propósito? Atención guardias de finanzas del mundo, no sigáis leyendo…intuyo que para no declararlo. Otra cosa también muy «divertida» nos pasó el viernes a las 19.50 en un Media World (Media Market en España). Fuimos a preguntar si tenían un modelo de electrodoméstico que ya habíamos visto previamente. El dependiente, mira el reloj, nos mira, vuelve a mirar el reloj y nos dice «pues para saberlo tendría que llamar al almacén, pero ya no creo que haya nadie…¡¡¡es que venís a unas horas!!!». Sí, supongo que llegar a un centro comercial una hora y diez minutos antes de que cierren debería estar penado con tarjeta de residencia permanente (pero revisable). La cuestión es que tuvimos que insistir para que llamase y llamó y en cinco minutos teníamos solucionado el «terrible entuerto»…
¡¡Aaaayyyy Italia, si no fueras tan bonita, ¿quién te iba a aguantar?!!

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Roccaraso

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Día intenso el de hoy. De la media maratón Roma-Ostia* directos hasta Roccaraso, bueno, directos no, porque paramos en un agroturismo llamado La Porta dei parchi en Fonte di Curzio, a comernos unos deliciosos gnochis y un corderito criado allí mismo. Pero a primera hora de la tarde ya estábamos paseando por Roccaraso, en nuestros queridos Abruzzi, para encontrarnos una vez más con las montañas y la nieve. A los verdaderos fanáticos del esquí les fascinan los Alpes, normal, deben ser verdaderamente impresionantes (yo sólo he estado en verano), pero a mí no me gusta esquiar, los pequeñitos son aún meros aprendices y a maridísimo lo que verdaderamente le gusta es el esquí de travesía, así que los Abruzzos están hechos para nosotros: a apenas un par de horas de Roma, un ambiente familiar, pueblos pequeños y acogedores y pistas tranquilas. 

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* Maridísimo, tiempo oficioso 1 hora 21 minutos 46 segundos. Puesto 316 de 13000. ¡¡Buen trabajo!!

Entre los Abruzos y Marcas

Caminando entre dos regiones italianas, entre Los Abruzos y Marcas, con calor y lluvia, con mucha vegetación frondosa y pueblos de color ocre casi rozando las nubes. Esos tesoros escondidos que se salen de las rutas turísticas más convencionales, pero que, de verdad, me confirman que Italia es un país sorprendente.
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Esta mañana visitamos el pueblo de Civitella del Tronto que tiene unas vistas asombrosas de las montañas y que además, tiene una fortaleza, la segunda más grande de Europa, que fue frontera entre el Reino de Nápoles y los Estados Vaticanos, el último bastión borbónico en caer durante la unificación de Italia tras un asedio de 146 días y donde, aún antes, en 1559, los que defendían que el reino de Nápoles siguiese dependiendo de España, lucharon contra la invasión francesa lo que, tras la victoria, conllevó que la villa fuera «ascendida» a cittá y además fuese nombrada «fidelísima» por Felipe II.

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Después traspasamos las fronteras de los Abruzos para entrar en la región de Marcas y visitar Ascoli Piceno, que es un pueblo medieval precioso. Me ha encantado. La única pena es que los terceros domingos de mes hacen un gran mercadillo de antigüedades por todo el pueblo, lo cual es fantástico, porque le da mucho ambiente al pueblo, pero que no deja apreciar del todo los edificios y las calles. Pero bueno…

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Eso sí, la vuelta a casa ha sido un pequeño infierno, pues me equivoqué al coger la autopista (240 kilómetros) y terminé viniendo por una nacional que, si bien no está mal del todo, porque es ancha, bien asfaltada, con túneles en lugar de curvas y además con un paisaje que merece cada kilómetro, porque atraviesa entre dos parques nacionales, se hace pesadísima…sólo  170 kilómetros, pero ¡¡¡casi tres horas!!!. Y la forma de conducir de los italianos, que no respetan las líneas continúas, con lo cual tú sí que estás continua…continuamente sufriendo y continuamente conduciendo por el arcén…¡¡Paciencia!!
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Tortoreto

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Esta mañana nos levantamos festivos y, pese a que la previsión meteorológica anunciaba lluvias, decidimos lanzarnos a la aventura de atravesar, nunca mejor dicho, Italia, de lado a lado, para conocer su costa este, la adriática. Y lo primero que debo decir es que la carretera por la que hemos venido, cruzando Los Apeninos, nos ha sorprendido muy positivamente.
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A la llegada a Tortoreto, donde un rato antes habíamos reservado una habitación gracias a San Booking, nos hemos dado cuenta de que el antiguo pueblo medieval, donde nosotros teníamos el alojamiento, está a 300 metros sobre el nivel del mar, mientras que abajo, a unos tres kilómetros por la carretera, junto a la playa, está la más reciente área urbana, donde están las nuevas (y horrorosas) construcciones (de cemento). Eso sí, tienen un paseo marítimo muy agradable, con carril bici y cientos de palmeras.
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La playa también nos ha gustado, así que, aunque la temporada terminó el día 7 de septiembre y hemos tenido que sobrevivir sin vigilancia, sin áreas de sombrillas y tumbonas y sin chiringuitos…¡¡nos hemos bañado!!. Y es que, ni los niños ni yo nos habíamos bañado nunca en el Adriático y, con un día soleado y treinta grados, no podíamos perder la ocasión. El agua tenía la temperatura ideal, aunque, así, por decir algo, nos ha parecido con más oleaje y menos salado que el Mediterráneo…pero vamos, que esto es hablar por no callar.
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Y para terminar, vamos a lo nuestro, a lo gastronómico, a esa pizza que sabe bien en casi cualquier sitio de Italia, a los delicados gnocchi que no sólo se pueden hacer de patata, sino también de semolina, como los de hoy (otro día me extiendo) y, por supuesto, os puedo recomendar los arrosticini que es una de las comidas típicas de la región de los Abruzzos (donde también está Tortoreto) y que no son otra cosa que  pinchos de carne de cordero a la parrilla. Muy ricos, eso sí.
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(¡¡Felices fuegos villaodoneses!!)

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Después de unos cuantos días perdidos entre sus calles, alejados del mundanal ruido, sin internet, sin televisión, sin noticias de política o de crisis, nos alejamos de Santo Stefano di Sessanio, con el ánimo, como casi siempre, de volver. Y para celebrar nuestras últimas horas allí…ayer cayó una nevada vespertina, con miles de copos con forma de estrella, como esos de los dibujos animados o como esos que siempre me traen a la memoria las Navidades en mi pueblo berciano. Y hoy, como somos como somos, nos hemos despedido a lo grande, con solete, pero…¡¡con unas buenas lentejas de la tierra!!, que aquí, por cierto, las hacen viudas, pero con trozos de pan tostado.

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Después de comer, a través de un paisaje lleno de montañas y amplios valles verdes, dejando atrás la imagen de los pueblecillos grises alzándose sobre colinas, y gracias a la «interesante» (por llamarla de alguna manera) carretera de la foto, llegamos hasta Sulmona.

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Sulmona es la capital de otro de los parques nacionales de los Abruzos, en este caso del Parque Nacional de la Majella. Es el pueblo donde, hace ya unos cuantos años, nació Ovidio, el poeta. De hecho la calle principal del pueblo se llama Corso Ovidio y une la catedral, con la Piazza Garibaldi, que es una grandísima plaza a la que se llega a través de un acueducto del S.XIII. A medio camino entre ambos, también está el Palazzo dell´Annunziata. Y esto es todo lo que hay que ver en el pueblo que, pese a ello, tiene bastante animación y, además, se encuentra en un lugar muy bonito, con el macizo de Morrone de telón de fondo.

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Lo típico del pueblo (en lo que a comer se refiere) son los confetti, algo parecido a lo que aquí conocemos como «peladillas», es decir almendras recubiertas, pero en este caso, la cobertura, en lugar de ser de azúcar, suele ser de chocolate, pero también de otros sabores, algunos de ellos bastante exóticos, como flor de naranja, cedro o pino. Por supuesto los hemos probado y yo…¡¡me quedo con nuestras peladillas!! 🙂

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Después de otra media jornada de esquí, con buena temperatura y un sol espléndido, hemos emprendido la marcha hacia el lago di Campotosto. Por el camino, apenas hemos encontrado coches. El paisaje era idílico, de alta montaña, animándonos el viaje, la presencia de vacas y caballos, que cortaban la carretera, e incluso aves rapaces que nos sobrevolaban.
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El lago es en realidad un embalse artificial enorme, que tiene forma de i griega (Y) y que incluso se puede cruzar en coche por un puente. Pero la vista del pueblo de Mascioni a los pies del lago era muy bonita. 

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Aunque estando allí, de repente, el tiempo ha cambiado y ha comenzado a nevar de una manera asombrosa, tanto que, cuando en tan sólo unos minutos la carretera estaba cubierta, nos ha empezado a preocupar el asunto y hemos salido pitando de nuevo hacia L´Aquila para comer, bastante bien por cierto. Por fortuna, el tiempo ha mejorado según bajábamos. Después, de vuelta a nuestra casita de San Stefano a hacer vida rural.

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Después de desayunar como los auténticos campeones, con las cosas que nos dejaron los dueños de la casa, nos fuimos a esquiar a las pistas del Gran Sasso, también llamadas de Campo Imperatore. Bueno, en realidad esquiaron la rubia y el ojazos. Maridísimo esta vez se quedó de ayuda de cámara de sus pequeños y yo no esquié, que para mí no hay tortura mayor que combinar frío y deporte, así que lo del esquí no lo termino de entender demasiado bien. Eso sí, las vistas de toda la cordillera de los Apeninos frente a nosotros ha sido más que excepcional.

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Pensando en aquellos de vosotros que sois casi olímpicos del esquí, le he preguntado a maridísimo su opinión de las pistas y parece que no están mal para pasar el rato. No hay mucha gente y los precios son bastante baratos. Hay que subir en un funivia (funicular) que sube de 1118 metros a 2118 metros. ¡Es increíble!. Desde las pistas se ve el pico más alto de los Apeninos, que se llama Il corno grande y roza los tres mil metros (2920).
La pista de esquí con Il Corno Grande al fondo.
La pista de esquí con Il Corno Grande al fondo
Luego hemos estado en algunos pequeños pueblos y finalmente comiendo en L´Aquila, un pueblo que no es bonito, todo hay que decirlo. Antes de volver a nuestro San Stefano que, no sé si os he dicho, sólo tiene 100 habitantes…¡¡una algarabía continua!!

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Aún no son ni las siete de la mañana del miércoles 26, pero ya es de día fuera. Están empezando a salir los primeros rayos de sol. Eso es bueno. Sol. Porque si no fuese así, me comenzarían a entrar dudas existenciales sobre la razón por la que estamos aquí. ¿Aquí? ¿Dónde? Os preguntaréis.

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Aquí, como Marco, en los Apeninos. Concretamente en la zona de los Abruzos. Una zona que está a algo más de una hora de Roma y que tiene tres parques nacionales: El de Abruzzo, Lazio y Molisé, el de la Majella y el del Gran Sasso y Montes della Laga. En este último es en el que estamos nosotros desde ayer al mediodía, en una encantadora casa rural en el pueblo de Santo Stefano di Sessanio, a 1200 metros de altura, desde el que se contemplan los picos más altos de los Apeninos. Los paisajes son preciosos, de eso no cabe duda y caminando por las calles empinadas del pueblo te sientes totalmente alejado del mundanal ruido, pues aquí todo es paz y tranquilidad y los muros de las casas son enormes y…estamos sin cobertura…¡¡¡aaaayyyy, qué me va a dar algo!!!

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El pueblo de Santo Stefano fue baluarte de los Medici en el SXVI. Hoy en día es un pueblo de color gris enclavado en lo alto de una colina (como casi todos). Pero el pueblo no es gris, porque tiene verdaderamente mucho encanto. Sus calles estrechas y empinadas, sus arcos, sus rincones que parecen ciegos y que sin embargo esconden una rendija por la que puedes aparecer en otro lado…Hoy en día, muchas casas, incluso la torre principal del pueblo, están sujetas con andamios y sirgas, para intentar paliar los efectos que produjo en el pueblo el terremoto que hace unos cinco años afectó tanto al vecino pueblo del Aquila. Y además se comen unas lentejitas súper ricas…ñam!!

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PD: Seguiré escribiendo y tan pronto como vuelva a encontrar señal os enviaré nuevas señales de humo…